Sunday, June 02, 2013

Fugazzeta, barba y provolone.




Hay días donde no sabes qué querés almorzar. Desde algún lugar remoto de tu cerebro, te inclinaste por ingerir carbohidratos. Pensaste, es viernes, no vendría para nada mal acumular calorías, el invierno se anuncia desgarrador de tanto frío, es un buen momento para acopiar y templar al gordo que llevamos dentro. Mejor dicho, a males del alma, carbohidratos sanadores podrán ayudar.

Si bien Buenos Aires está en el proceso al 21 de julio, aún el invierno no se hace sentir. Apenas unas gotas molestas que provocan cubrirse las cabezas, intentan tímidamente despertar bajas temperaturas. El viento que sube por Talcahuano a la altura de Santa Fé, se torna arremolinado, te envuelve y te hace crujir los huesos, son segundos, pero se siente.

En 30 pasos, y pasando la puerta de madera, los señores de blanco, que sin ser pastores o sanadores, saben como curar una falencia afectiva, te ubican en mesas diminutas, con sillas que de comodidad solo tienen el ímpetu.


La espera se hace amena cuando te dedicás más de dos minutos a recordar las tapas y las notas que descansan sobre las paredes. Es como una megatrivia contra uno mismo, interpretando imágenes, deportistas de shorts ajustados, tenistas argentinas, modelos, boxeadores, todos ignotos y famosos, como los personajes que describíó Osvaldo Soriano en “Artistas, Locos y Criminales.”


La elección fue certera, “Fugazzeta rellena, jamón y muzzarela.” Pasaron apenas unos minutos y la comanda se convirtió en realidad. Soberbia, con presencia, el  hombre de blanco la dejo sobre la mesa diminuta, estaba indefensa y herida de un corte, así quedó dispuesta a ser saboreada.

Casi como una sesión amatoria, la seducción de los cubiertos, se deslizaban entre el corte y la pausa. Subirla al tenedor, una caricia de cuchillo para permitir enrollar la "muzarela" sobre el culito de harina y levadura.


Hasta aquí una crónica gastronómica, porteña y de elección. Y como de elegir se trata, y la moda es parte de elecciones, al menos de gustos y pareceres, el humano que pertenece a este relato, a modo de virilidad masculina demorada, intenta desaromatizar la barba rala y canosa que dan los cuarenta. Los edores de las fieles cebollas, combinadas con la majestuosidad que aporta la muzarella, forman un bloque de aromas que invade lentamente la barba del adulto que la profesa.


Si bien los recuerdos, son momentos que se guardan en la memoria visual o en la alegría olfativa, las canas del protagonista no fueron suficientes para generar en ningún comensal un típico saludo argentino. Y ese beso con aroma de fugazzetta quedaría para la posteridad, guardado bajo siete llaves, durmiendo el sueño de los justos. Mientras tanto, ellos, los de la mesa del fondo, sin miedo al sabor que deja el provolone de la pasión, no dejaron de amarse.




Thursday, May 23, 2013

Las cosas suceden (y punto)



¿Acaso se puede impedir que llueva en abril?
¿Alguna vez intentaste frenar el sol?
La luna, tantos poetas, ¿pudieron bajarla?
¿Y el fuego?, siempre se apaga, ¿no?



En cambio, sí podemos impedir mojarnos.
También logramos guarecernos del sol o aprovecharlo y templarnos.
A la Luna podemos ir, pocos, pero podemos. Sino, solamente contemplarla.
Y para no apagar la flama, hay que alimentarla, avivarla, trabajarla, sean fueguitos o fogatas, hay que saber dirigirlas. O te prendés fuego o entibias tu alma.

No escapemos de los sucesos. Hay que enfrentarlos.
Podremos salir heridos, magullados, pero evitemos escapar.
Quizás, lo que hacemos es tomar aire para embestir.
A lo mejor, corremos de costado, para tomar envión con fuerza.

Sí “aquello” llegó a tu vida, en algúna esquina del destino, vas a encontrar las respectivas explicaciones. No trates de evitarlo, sino se multiplicarán por miles hasta impactarte y hacerte ver, que nada sucede en vano.

Ahora, relajate. Respirá. Mirá por los costados.
Plegate por la cintura hasta tocarte las puntas de los pies y convertirte en una sola cosa. Volvé a pararte y preparate para recibir lo que nunca imaginaste.
Tu destino.


Wednesday, May 08, 2013

Mi pasado me traiciona.



Esta será mi segunda entrada al blog desde que lo he tuneado en el modo 2013.

Acá en Magdalena, todavía no ha pasado la medianoche, sin embargo en mi Maquinista Savio adoptivo, sí ya los vampiros han salido a cazar almas perdidas y jugosas.

Pero en esta ocasión, vengo a ofrecerles un relato, corto sobre como el pasado traiciona cada vez a las generaciones que hemos crecido en esto que se ha dado en llamar, la era de la información digital, o como algunos suelen llamar, la Big Data.

Durante las últimas semanas, el ex-CEO de Google, el excelentísimo algoritmo Eric Schmidt, ha comentado que la versión actual de Internet, necesita cada vez más un botón de D-E-L-E-T-E.

Y por qué, se preguntaran ustedes, desde la comodidad de sus dispositivos móviles? Simple, cada vez hay información disponible de todos nosotros en lugares públicos de la red. Desde el simple like a esa fan page de autos o con el comentario a tu ex-compañero de trabajo sobre la última película de 20th Century Fox, estamos dejando huellas digitales de todo lo que hacemos y de todo lo que nos gusta.

El concepto que se acuño a finales de los 80s y que se consagró en la primavera noventosa de sacos armani color fluo, CRM y DATA BASE MARKETING, hoy se consigue con una buena aplicación que permita rastrear datos por distribución semántica, ojo, la app debe ser poderosa. Casi tan poderosa como la aplicación ORACLE que Tony Stark usa en Iron Man 3 para detectar el accidente que ha sufrido su guardaespaldas.

Además, la información que no usamos (me recuerda a un programa argentino de los ochentas -El país que no miramos-) queda en algún lugar de SION (internet) dando vueltas, que cualquier navegante paciente, con esfuerzo y links puede encontrar.

Así también, Google con su algoritmo Panda, "penaliza" a los sitios que no actualizan contenidos y solo están allí, de adorno para los buscadores (granjas de contenidos).

Y ni hablar, de los programas de chats, que dejan TODO, sí T-O-D-O el historial de charlas con todos los contactos en algún lugar de la computadora...

Por eso, mis queridos camaradas, hoy más que nunca debemos cuidar bien la información, saber bien a dónde comentamos, qué decimos y con quién hablamos, ya que el pasado hoy es reciente y cada vez nos condena más.





Viajes, enteros y eternos.

Es tiempo de agradecer.

Llevo 14 años trabajando de lo que me gusta. Desde aquel primer día en
e-volution, aprendiendo a categorizer sitios web para subirlos a RaDar, hasta hoy, esta interface de medios, agencia, asesor, independiente, cliente, todo eso que me permite afrontar las responsabilidades de guiar a toda una familia hermosa del norte del conurbano bonaerense.

 He acumulado más de 75 mil millas, entre Ezeiza y el aeropuerto Jorge Chavez. Siete días por semana, durante un año, doce meses de visitas, de charlas, de ceviches, de lomos, de presentaciones, de planillas de medios, de performance, de estar lejos de los totos, de dormir con horarios eternos, de vivir.

 Nunca he agradecido a los amigos limeños que me lo permitieron, desde “Pilay” hasta Gaby, pasando por el grupo de renegados digitales, NatiOs, Sarita, Carlitos “Caroso” y recién arrivado a la fuerza, Dani “Kenovi” Guevara como nuevo comandante de la nave nodriza.

 Y como en los tiempos modernos que nos toca surfear, los homenajes pasan por dejar escrito en “piedra” lo que uno piensa, este es mi homenaje a todos los que me han bancado todo este año, desde mis laderos argentinos hasta los nuevos amigos limeños, esos que me ayudan a hablar menos gringo y más perucho. Se viene mis últimos viajes a la ciudad inka, así que mi más profundo homenaje, a todos los que me hicieron vivir estos 12 meses de aventura limeña. Gracias, simplemente eso. Gracias.

Sunday, April 21, 2013

¿Hola, hay alguien por allí?

Siempre me gustó hacer metáforas, la vida, las olas, los movimientos. Mañana se inicia una nueva temporada en mi vida profesional. Voy a ingresar a la vida corporativa, nuevamente, pero esta vez como cliente. Así que estoy preparando la tabla, ya que mañana empiezo a surfear nuevas olas. Por eso, arranco una nueva temporada de posteos en Asado De Tira, un lugar que supo darme muchas alegrías. Si están todavía por ahí, atentos, pronto, se viene el relato desde adentro en la vida de un cliente, pero con ojos de un ex-agencia de publicidad. Será otro experimento más. Mientras tanto, hago un paréntesis, para ver a Jorge Lanata y su PPT para ver como termina el #FariñaGate. Latre, surfeando bits pateando átomos.

Saturday, February 11, 2012

Perros o Lobos: ¿de qué lado te gustaría estar?


No es casual, nada es casualidad. Hoy es 10 de febrero, faltan apenas 30 días para que este cuerpo entrenado en artes de la vida, cumpla 39 años, sí, llegó la última estación de los 30. Hay que disfrutarlos. En este momento, no se cuanto lo estoy disfrutando, estoy en un aeropuerto, con solo tres horas de sueño y con un cansancio mortal sobre las espaldas. Sin embargo, esta semana aprendí LA lección de este año que se va, (recuerden que para mi el año inicia el 11 de marzo).

Y de esto va a tratar el pequeño texto ilustrado de la fecha, y no en vano, es también casi aniversario del último post que escribí en mi querido y poco visitado, Asado de tira.

El domingo pasado, salí a dar una vuelta por el universo latinoamericano. Me monté en un avión con rumbo al Perú, para visitar la capital, Lima, invitado por mi amiga Pily. ¿El motivo? Ir con las charlas sobre comunicación digital para seguir motivando almas curiosas para estudiantes de comunicación y publicidad. Lindo yeite, linda manera de ir por la vida honrosamente ganando unos pesos.

Aprovechando el viaje, planeamos la #GiraNix2012 para visitar potenciales clientes y evaluar mercados como Perú, Colombia y Chile para ofrecer nuestros servicios de agencia.

En una de las tantas e innumerables reuniones, en una de esas mesas largas de directorio, donde el frio reinante siempre se parece al polo norte, no importa si estás en el medio del trópico de ecuador o en Beirut. Nuestro potencial cliente, enarboló una hermosa metáfora. Desde que me decidí salir de las corporaciones, la canción es siempre la misma, los clientes preguntan lo mismo: ¿Y qué se siente ahora? Y las respuestas, también son las mismas. “Todo cuesta mucho, te sumás tareas como tirar la basura, ir a comprar las bolsas de basura, juntar la basura, tirarla y entre todo eso, pensar ideas para clientes e ir a cobrar nuestras facturas”.
Y nuestro simpático Señor Lead (es solo para guardar el secreto de nuestro contacto) me explicó la metáfora de Perros y Lobos.

Si hubiéramos quedado en la corporación, la vida sería como la de un perro, como una mascota. Nos dan de comer alimento balanceado caro, tenemos un sillón mullido, agua fresca y limpia, sabemos que comemos cada 8 horas, nos bañan, nos llevan a pasear y nos cortan las uñas delicadamente.

En cambio, ser lobo significa, salir todos los días a vagar sin saber si vas a comer, procurarte tu propia comida, generarte tu propia guarida. Dormir al frio, pocas veces vas limpio y generalmente te vivís peleando con todo lo que rodea. Pero, sos libre. Si elegís ser perro, sabés que del jardín no salís o que con mucha suerte, la correa extensible se prolongará hasta que tu propia presión te asfixie y allí decidís recular y volver atrás.

En treinta días inicio mi úlitmo año con 39 años y más que nunca, soy el hombre lobo americano, que da vueltas todas las noches viendo donde dormir, como acechar a las víctimas y decidiendo todos los días mi propio destino.

Mientras escribo esto, estoy rodeado por muchos como yo, esperando el vuelo que nos lleve a casa, a pesar de ser un lobo, se que quiero volver a la guarida con mi loba y mis cachorros.

Trístemente disfruto “Barro Tal Vez”, sabiendo que ya nunca más la voy a escuchar en vivo. Mientras tanto, mi iTunes cada vez más se llena de gente muerta.


Santiago de Chile, 10 de Febrero de 2012 a horas de seguir siendo lobo.

Saturday, April 23, 2011

Cuentos desarmados y otras salivas mentales (tercera entrega)


¡Me cagaste Ramirez!

Para los que tuvieron el placer de caminar los pasillos del Hipolito Vieytes de Caballito durante la década del ochenta, seguramente van a saber quien era Ramirez. Un viejo milico apasionado con su tarea, hacernos correr el famoso test de Cooper en el Parque Sarmiento, un 20 de diciembre a las 3 de la tarde con un calor infernal. Pasión, calor e infierno. De eso se trata, esta tercera entrega de “Cuentos Desarmados y otras salibas mentales”.

La decoración de éste relato, es Buenos Aires, ciudad que se viste de moderna, altos edificios con piscinas en la cumbre, personas que viven en sus mundos de tecnología WI-FI, rodeados de bienes inhumanos, perdiendo la conexión real entre las personas, pero hyper conectadas desde muros insignificantes.

Eran épocas de fiestas de fin de año. La red social de ese entonces, era una agencia de publicidad. Y como sucede en estos guetos de ideas limitadas, las fiestas de fin de año, siempre son otra cosa. Ese dosmilypico, había sido una lágrima. Jefes regionales parados en las barras de boliches palermitanos blandeando sus Amexs Gold buscando la aprobación de la plebe. Las directoras de cuentas con más de 45, buscando cuellos de jóvenes ejecutivos para chupar sangre y seguir flotando, financieros que ocultan canas con las viabas de barrio, queriendo comprar cuerpos femeninos no correspondidos, los especialistas en redes tratando de conectar algún cable, y ellos dos, tratando de encontrarse.

Era la noche previa al inicio del verano, en plena ciudad, nadie sabía, salvo ellos dos que la situación estaba a punto de estallar en miles de feromonas, una más cargada que otra, una más jugada que la anterior, todas encadenadas a demostrar que los sentimientos no tienen edad, no tienen límites, pero que tienen conexiones, y muy fuertes, vínculos que se unen desde lo profundo del alma, hasta calar en lo más hondo del corazón. Hasta no parar.

El no paraba de tirar vasos vacios de trago largo, se ve que buscaba algo en el fondo de cada mix de maracuya con champagne. Ella, daba vueltas, como un ave lista a ejecutar a su presa. Él no lo sabía, ni lo pensaba, no estaba en sus planes. Pensaba que era otra noche más de histeria, esa histeria que ellas saben manejar hasta la frase final. “Qué te pensaste? Vos y  yo? Ni a palos…tenes super buena onda, pero no, sorry”. Soy de los que escuchó y sufrío algunas de esas frases matadoras al ego masculino.

Pero no, en este caso, ellos dos intentaban dibujar el camino más corto al beso que sellaría temporalmente, una conexión que sucedió de la nada, que vino desde lo profundo de la soledad de cada uno de ellos dos.

El reloj marcaba las horas, los roces “casuales” se multiplicaban, las miradas se cruzaban, una y otra vez, hasta que el destino quiso que esas bocas se juntaran y dejaran la casualidad del encuentro para convertirlo en algo eterno, en algo especial.

Llega mensaje de texto, “No te hagas el pendejo que te queda mal, me llevás a casa?”
La respuesta QWERTY no tadó en despegar, “Obvio, el auto está a la vuelta, esperame en la puerta”.


Ella y su “inseparable” amiga, estaban esperándolo. Pero en el aire se olia, se respiraba esa mezcla de pasto recién cortado, como cuando en verano sentís el aroma que deja el agua que cae en el asfalto caliente. Esa mezcla de vapor, candor y humedad ambiente.

La “inseparable” lo olió, lo leyó, se despidió de los dos con un beso y los dejó ir.
Esa caminata fue de cuerpos pegados, no se tocaban, pero el aura de ambos se conectaba, al menos esa noche se fusionaron.

El auto, era el mismo modelo y marca que usara Guillermo Vilas para pasear a la Princesa de Mónaco en su estadía en Buenos Aires. Luego de subirse, abrocharse los cinturones, el auto rodó casi automáticamente atravesando Palermo, Belgrano y alrededores. Se estacionó, casi estratégicamente, a metros de la la casa.

La FM de turno, Kabul, la que estaba al final del dial, en esos días, anunciaban el fin de esa emisora, pero esa noche, pasaron las mejores canciones, esas que permiten amalgamar cuerpos y almas de 21 gramos, justo esa madrugada previa al verano.

Las conversaciones dentro del auto derivavan siempre en otros temas, eran eternos retornos de efímeras charlas de madrugada. Ella, intentaba irse una y otra vez, pero siempre se quedaba, hasta que en una de las ideas y vueltas, esos labios se rozaron, se dieron ese beso que logra encender usinas enteras de pueblos europeos.
En el detalle del rozamiento, ahí en la comisura, un beso tímido pero enfático, preciso y arrollador, justo con el mínimo espacio que permite generar una turbulencias de piel.

Como siempre en una escena de éste tipo, teníamos dos condimentos frecuente, música y un hombre de seguridad, sentado en primera fila. Y allí, como si nada, el hombre de seguridad, contemplaba como los cuerpos se enredaban en sensaciones, abrazos, manos escurridizas y besos húmedos propietarios de pasión y a esa altura de la madrugada, en una bandada azabache de lujuria desatada.

El señor de bigotes, cada vez llevaba su cigarrillo más lentamente a su boca, como queriendo que la escena que observa, no termine nunca, que se convierta a blanco y negro, que solo muestre cuerpos haciendo la mímica del deseo.

Helter Skelter, sonaba en la radio, pero en la versión de la banda irlandesa que revolucionó la música en los 80´s, como metáfora, dos que estaban revolucionando sus vidas, ellos eran el show central y los irlandeses solo la cortina musical, dicen que somos una generación más visual que semántica, dicen, que se yo.

La noche seguía aportando su lado de calor, el auto, que con más de 10 años en su chasis, seguramente también había presenciado ya muchas de éstas relaciones de medianoche, también aportaba su grados de temperatura. Pero, los cuerpos agitados de caminar la ruta del deseo, eran el gran caldero. El sudor de los cuerpos, dieron amalgama a una eterna sesión amatoria, interminables, quitadores de aliento, abrasadores.

Como si cada sesión fuera una gran liberación de energía, se provocaban huecos de tribulaciones, y en cada uno de esos períodos de creación, ninguno sabía como las cosas  habían sucedido. Realmente la situación se encajó por arte de una mano invisible, como la que regulaba el mercado en tiempos de Adam Smith, una fuerza dinámica y autónoma que los ubicó en el mismo plano, que dejó que se relacionaran, que se conocieran, que intercambiaran las figuritas del álbum que siempre quisieron tener, para ganar el premio final, la felicidad.

Seguramente, nuestro lector, como aquel señor que aletargaba el camino del cigarrillo a a la boca, también pensará que la felicidad es como un atributo efímero, que tiene período de vencimiento como los lácteos, semanalmente vencen miles de potes de felicidad. Pero, un rato de felicidad, bien vale para liquidar una vida de tristezas.

Un poeta español, remarcaba, es peor añorar lo que nunca jamás sucedió…La vida en los discos y los libros, siempre parece más simple, igualmente para los seres humanos de carne y hueso, los que no que tienen poderes secretos ni trajes antibalas, la vida duele, y vivir cuesta eso, vida.

La vida por la ciudad, seguía, como de madrugada, pocos autos, poca gente, las luces del auto, las balizas, marcando un pulso, un ritmo, ellos haciendo movimientos de quiebre, de ruptura, de disfrute. La razón había quedado de lado y se notaba, cada vez más. Los sentimientos y los impulsos ganaron el partido, una vez más. Ella, de vez en cuando se arrepentía, pero de tanto en tanto volvía al pecho añejo, a buscar refugio.
Él, sentía la felicidad que ahoga el alma, una sensación perdida, mucho tiempo atrás y que ella fue la única que le hizo llegar a esa ruta intransitada, ahora en plena urbanización de vida.

Al día siguiente, la agencia multinacional, no dio feriado, hubo que trabajar. Ellos, se miraron y solo se detuvieron a hacerse una sonrisa, de escritorio a escritorio. Era el comienzo de algo nuevo, como decían las credenciales de la agencia “The beginning of something new”

Martín Latrechina, operario digital.
“Me cagaste Ramirez”.




Friday, April 22, 2011

Cuentos desarmados y otras salivas mentales (segunda entrega)


Hoy, les dejo la segunda entrega de "Cuentos desarmados y otras salivas mentales", el texto de hoy, se llama "Testigo en Peligro".

Durante los últimos años de mi vida, me tocó viajar bastante seguido. He conocido ciudades, aeropuertos, hoteles, personas, comidas. No reniego de nada, de hecho, el viejo Lito Nebia dice que viajando se fortalece el corazón, cosa a la cual suscribo, y creo que debe ser una de las pocas que tengo en común con el co-autor de La Balsa.

El viajar, algunas veces se torna aburrido y hasta quizás monótono. A pesar del Ipod  y sus cuatromil quinientas canciones, a pesar de la mejor y última película de Javier Barden, y hasta de los blody maries que me hacía tomar Kiko entre Dallas y México, siempre, la cosa se vuelve tediosa y previsible. Pero un día, como por menú del destino, te toca, y creo que a pocos mortales le pasó ser espectadores de semejante situación aérea. Espero que éstas personas nunca lean éstas líneas, por que se van a dar cuenta que los ví y de seguro me van a buscar para no solo decirme que me olvidé algunos datos sino también para pedirme disculpas por la envidia que me hicieron sentir.

Ya había abordado en primera clase de Mexicana, volviendo de Monterrey de un pitch que, como la crónica de una muerte anunciada, sabíamos que no lo podíamos ganar. Pero como cuatro gladiadores, vivíamos contentos con la pelea que dimos y por el producto que entregamos, 8 campañas, 8 conceptos, 8 agencias participando y una pinza de punta como puntero de presentación. Marcelo, Pablo, Carlos y yo estábamos sentados en duplas. Las aeromozas repartieron mimosas y canapés, los beneficios de viajar en primera clase son realmente interesantes, hacen que tu viaje sea más placentero, igualmente lo que les voy a contar, no lo tiene ninguna compañía aérea, creo hasta el momento dentro de sus amenities.

La cena, por menú, ya había sido servida. Y como los humanos, somos como los burros, cuando comemos debemos evacuar, la mitad de los pasajeros de primera se levantaron para higienizar sus partes e iniciar la dormida nocturna que les permitirá llegar más rápido a Ezeiza..

Me quité los zapatos, me puse las medias que te ofrecen para que no se enfríen las plantas de los pies, terminé de buscar el playlist adecuado para esperar a Morfeo y dormitar en medio del vuelo. Las luces que quedaban, eran solo las que guían las hileras hasta el baño y la gran luz de un plasma que transmitía un compilado de noticias deportivas de la última jornada mexicana de fútbol.

En la puerta del baño, a la derecha de la pantalla, dos que inician una charla. Entre mi pensaba, siempre hay dos pelotudos que se ponen a hablar cuando el resto quiere dormir y rogaba por que no se pusieran a beber alcohol, ya que era gratis y como de seguro eran Argentinos, se tomarían hasta la presión con tal de aprovechar el viaje y no pagar un peso. Pero no, no bebieron.

Pasaba Pink Floyd en el Ipod y mis ojos comenzaban a ver entre cortado, ya sin mis lentes, iniciaba la entrega a las horas de sueño. Entre parpadeo y parpadeo, note un movimiento brusco de los compañeros parados en el medio el pasillo. Pensé fue un “pozo de aire”, pero no, el resto habitábamos sentados y sin problemas. Los amigos, estaban trenzados, como enlazados buscándose cada uno algo dentro de la boca del otro.
Las manos de ambos, creo, recuerden que no tenía puesto lentes, se buscaban sus intimidades, se  escanearon por demás, necesitaban reconocer sus géneros, y creo por lo visto, ya cada uno sabia el sabor del otro.

Me ubiqué de nuevo en mi asiento, lo miré a Carlos, pero estaba soñando con alguna cámara Gesell de algún grupo focal. Intenté buscarlos a Marcelo, pero ya estaba puesto con el “antiluz” en sus ojos y Pablo dormía. Estaba solo frente a  un espectáculo digno de canal de cable soft de viernes por la noche.

Ella no paraba de moverse entre las piernas de su contrincante, él intentaba unificar su cuerpo, jean mediante contra su pollera negra larga. Nunca mejor elección pensaba yo, entre mi sueño-realidad. Me refregué los ojos, como para cotejar que no estaba soñando semejante hoguera de pasión. Estaba despierto. Me incliné para agarrar las gafas y no volver a perder detalle. La madrugada entraba sin pedir permiso y ellos, amantes furtivos de alto vuelo, se conectaban sin importar lo que sucedía alrededor, mientras el gordito de gafas no corrió a cambiarse, solo se acomodó y comenzó a disfrutar también un poco, pero como espectador de un acto sensual de dos personas que se encuentran, y como siempre digo, los encuentros generan fricciones mágicas, encendidos de pasión dignos de iluminar una ciudad completa.

Alguien se queja con la azafata, obviamente no fui yo, la aeromosa, con mucha calidad, invita a los “amantes” a dejar tanto calor, la cabina ya no podía poner más frio y los pasajeros comenzaban también a sentir las altas temperaturas que ellos emitian.
Era lo que faltaba, en lugar de intoxicarnos colectivamente, nos terminábamos calentando todos y el avión se convertía en una gran fiesta voladora donde hasta el capitán jugaría su rol de señora bien.  Lo peor de todo, no podía compartirlo con nadie, todos mis conocidos estaban soñando con otra cosa, como yo.

Si bien, la azafata, había decretado un primer round entre ellos, no pasaron 3 minutos para que volvieran sobre su camino, pero esta vez con mayor fricción. La mano de él encontró la ruta correcta que lo llevara por debajo de la pollera negra. Ella había enviado señales a su control aéreo, ya estaban despegando en su propio vuelo, que estaba siendo transmitido a un grupo selecto, de los cuales sólo uno estaba despierto, al menos así creía.

Busqué otra canción, me tomé el agua de un sorbo, me di vuelta, entre envidia y asombro, me dormí hasta Ezeiza, esperando que algún día, tambien mi viaje fuera así de placentero. Mientras tanto, por la ventanilla, se via un relámago que aclaraba la noche, por adentro del avión, la noche estaba en llamas.

Martín Latrechina
Testigo en peligro.

Tuesday, April 19, 2011

Cuentos desarmados y otras salivas mentales (primera entrega)

Era otra tarde de otoño, había sido otro día más de los que calan profundo en los huesos.
Esos días donde el frio batalla con los últimos grados de calor, para ver quien de los dos la tiene más larga.

La independencia del clima, como referencia de una sociedad que día a día se desarma, como rosca de pascua barata de shopping palermitano.

Salió de su oficina, como todas la tardes, cargando la maleta marrón, llena de proyectos y discursos sobre prometedores de aire; aire que siempre termina mostrando fantasías para alguien que siempre quiere escuchar: fantasías de desamor, historias de frustración, no importa, historias al fin, que siempre alguien quiere leer o escuchar, siempre.

Eludió unos cuantos soretes de perro bien, típicos de la zona, de perritos de peluquería que apenas conocen el hambre y el frio, perritos de mesa de luz, pero que cagan como seres humanos y dejan sus residuos de balanceado importado impreso en las callecitas de este Buenos Aires, que siempre tiene un "que-se-yo".

Luego de las tres cuadras que siempre separan el auto de la oficina, de eludir soretes, de ver a las rubias platinadas eternamente colagenadas, se paraliza, se frena, vuelve a refregarse los ojos, pensando que esto no lo podía estar pasando a él. Pero si, le estaba pasando a él.

Un oficial uniformado, estaba parado al lado de su auto; justo ese día, despertó mirando las imágenes del tipo que fue apuñalado en el hospital más mistongo de Mataderos. Justo ese día, vio como diezmaban a un desnutrido dinosaurio Barney en la Plaza de Italia, mientras una turba de "niños" lo arengaban por la derecha y desde la izquierda "los niños" lo terminaban de robar.

Se acerca, acelera el paso, se le está por salir el corazón por la boca, no sabe como arrancar preguntando, llega hasta el auto, y no tiene nada. Le pregunta, era una oficial, de mediana estatura, de tez morena, con su pelo prolijamente atado, con esas camperas que parecen que abrigan, pero solo son un montículo de tela que apenas rompe el viento.

"le pasó algo a mi auto?" disparó sin medir respiración. "No, nada señor, no piense mal." acotó la oficial, con una sonrisa entre rictus y compromiso, como gran parte de los seres humanos que presos de los modales, nos olvidamos de ser nosotros mismos.

La charla se dio amena, repasaron los hechos vinculados con la policia, la carencia de "adicionales", la historia de su compañero que sacó un crédito y ahora no lo podía pagar. Las promesas de la presidenta, las falsas promesas de Garré (no Silvina), veinte minutos de charla amena. Él dejándole saber la preocupación por los uniformados y los tiempos de barbarie, ella reflejando su preocupación "por ustedes" los ciudadanos, en manos de nadie, en los brazos del destino, ese perro caprichoso que es generalmente presionado por esa perra llamada vida, que todos los días nos cambia los libretos.

Él, abrió la puerta de su auto, saludo a la oficial muy amablemente, casi agradeciendo en actitud corporal por la presencia de la mujer policía. Se sentó dentro. se acomodó. Prendió la radio, sintonizó su frecuencia favorita, sonaba "Ceremony" con el cover de Radiohead. Se puso el cinturón de seguridad, prendió las luces de posición, bajó la ventanilla, quizás para saludar por última vez a la oficial, pero no.

Sacó de la guantera, un 38 corto y la vació 3 tiros, entre la cabeza y el pecho, mientras ella se arreglaba el chaleco, pensándose segura delante del señor del auto gris. El vio como ella se caía desinflada, como un globo pinchado sobre la calle Oro, ahora teñida de rojo. Puso primera, levantó la ventanilla de su auto alemán gris y se fue mientras en la radio, sonaba  "Helter Skelter" en la versión de U2.

Mientras tanto, en la gran ciudad, una nueva vida se extingue.

Martín Latrechina, contemporáneo.
En un intento de exorcizar demonios emocionales de una tarde gris.

Wednesday, February 23, 2011

Disney, The Cure y Ipad: transgeneración y contenidos.

Los chicos no lloramos, nos deprimimos.
Estaba sentado en la mitad del aula cuando, por el azar de la vida, Hernán Tissera, amigo de la casa, se sentó al lado mío en el banco de la escuela superior de comercio número tres, el sagrado "Hipólito Vieytes" de Caballito. Eran días de camisas blancas abotonadas hasta el cuello, cárdigans negros que no se quitaban ni por órden de un juez, y el pelo, ya por entonces se me caía, pero intentaba un flequillo con onda.

Ese año, 1986, me llegaba el primer disco de The Cure a mis fosas auditivas, "Staring at the sea" fue un amor a primera vista que hoy luego de más de 24 años, sigue intacto, con épocas, como todos los amores, pero fuerte y perdurable.

Hoy, 2011, mis hijos, me llaman para contarme que les gusta una canción que es una de mis favoritas. Mientras tanto del otro lado de la línea, no paro de sorprenderme. Marco, la canta como si fuera una letra más de María Elena Walsh, sin embargo entona "I WOULD SAY I’M SORRY
IF I THOUGHT THAT IT WOULD CHANGE YOUR MIND". Es mi canción favorita, es una de las tantas canciones que forman la banda de sonido de mi vida, no es más ni menos que "Boy´s don´t cry". Mis hijos la cantan y yo caigo fulminado por una especie de energía que te pega en el pecho y te desarma, amor que le dicen.

Resulta que Disney lanzó un nuevo programa donde la banda de sonido es la misma canción de Robertito, pero con una aggiornada y delicada versión que aquí les dejo.


Por otro lado, investigando sobre el futuro de la navegación y de los entretenimientos en la era de las tablets, me topé con uno de los tantos videos que la gente visualiza sobre IPad, este es uno oficial, y saben qué? tiene una base de The Cure de fondo, instrumental tan bien misturada con el contenido, que de ser un simple testimonial de producto, para mí, ya pasa a un video de colección.




Evidentemente, The Cure no era tan malo, Apple, Disney, a mis hijos y a mi nos encanta.
Larga vida a Robertito y su  ballet.

Wednesday, February 09, 2011

Ashtanga, sudor y lágrimas.

Desde hace un tiempo, estoy practicando una milenaria técnica que se suele conocer como Ashtanga Vinyasa Yoga, ó la manera en que el cuerpo comienza a tomar formas que nunca imaginaste. Y no es con drogas!

No hay equipos modernos, no hay grandes aparatos ni músculos magníficos, se trata de mirar profundo, respirar como Darth Vader y sudar para eliminar esas toxinas que nunca pensaste tener.

Por razones que no pienso explicar, tuve que cambiar de instructora, de Palermo con Nives y su Ashtanga Yoga House (lo súper recomiendo) hasta el centro cultural Yogesvara en Caballito.

Los asanas o posturas, hacen que descubras músculos y posiciones que realmente son reveladoras, ni hablar cuando lográs ponerte de cabeza y sentir el mundo desde otra perspectiva. Eso sí es innovador.
Si estás buscando algo que pueda nivelar el cuerpo con el alma, te lo recomiendo ciento por ciento, si estás en Caballito, Yogesvara

Y si no sabes como empezar y estás curioso por saber como es, mirate este sitio web.Yoga Online
Insisto, no tenés que cambiar de religión, no es necesario saber sobre budismo ni tampoco dejar de comer asados, pero poco a poco, te vas a ir interesando por cada una de las prácticas.

Espero poder continuar compartiendo todas estas cosas que voy aprendiendo.

Namasté!

Wednesday, October 27, 2010

Metáforas modernas sobre el asado

Hace 18 años que hago asados. El primero tuve que terminarlo en una cacerola, fue en Uruguay, tenía apenas 19 años, era mi primer asado de tira. Putié en todos los idiomas que por entonces sabía. Qué fue lo que falló en ese momento? La ansiedad me mató. Nunca encendió el fuego.

Los siguientes asados, tuvieron muchos otros aprendizajes, usar el método secador de pelo, el método volcán de papel, el fluido manchester, probé muchas y diferentes opciones. Hasta que una recomendación marplatense me dio resultados y obviamente como todo lo que hago, la modifiqué y ahora es mi método. Debemos hacer 3 capas de material inflamable: anillos de papel en el centro, en segundo lugar una pared de carbón y por tercer layer, ramitas secas que puedan crujir mientras el fuego se incrementa. Siempre acompañado por olas de aire apalancadas por el suple de espectáculos del gran diario argentino.

Hasta ahí, los últimos asados se encienden igual, pero sigo con una gran duda existencial cada vez que llega el momento de decidir cuándo es el momento ideal para abrir el fuego y dejar los carbones esparcidos por toda la base de la parrilla. Ese momento es vital, determina una bisagra, es lo que marca el tiempo, la cocción, si sale cocido, jugoso, quemado, la inclinación de la parrilla, todo lo que determinará el aplauso querido o simplemente una palmadita tibia de velatorio al que no querés ir.

Hoy estoy frente a esa metáfora de vida. Tuve más de 20 meses para masticar y repensar. Llegó el momento de esparcir las brasas sobre la base de la parrilla. No hay vuelta atrás. Implicará mis próximos 30 años por delante. Espero las tormentas eléctricas que vaticinó Richard no afecten el disco rígido de este servidor que solo Dios sabe donde está, así podré leerla cuando cumpla mis 67 años y me de cuenta que lo decidido fue lo correcto.

Ahora, que corrí las brasas, me preparo a condimentar la carne, cortar la morcilla fría y descorchar un vinito. Lo mejor está por venir.

Thursday, August 19, 2010

Ladrones de sueños

Me levanté, como las últimas 30 mañanas, con el mejor reloj despertador. No le fallan las pilas, siempre está adelantado y encima, te prende la luz y prepara café. Mi viejo, como cuando me despertaba para ir a la escuela, ahora me despierta, para que vaya a laburar.

Radio, toallón blanco gigante que me cubre toda la humanidad, agua caliente, jabón juguetón, shampoo para los 5 pelos que quedan, cepillo de cerda abatida por los meses, me recuerda que lo tengo que cambiar, ahora cuando pase la primavera, hay un mito urbano que se jacta de ser temporada de cepillos de dientes. Termino de bañarme o como dicen en algunos barrios pitucos, de darme una ducha, yo prefiero bañarme.

Placard, vista rápida, tengo ganas de vestirme de negro, tengo ganas de mostrar el lado oscuro, el facho que reprimo desde hace más de 18 años sale a la superficie, se jacta de regodearse en ideales poco sociales, de blandir una espada de justicia (de mano propia) que no para de escupir adjetivos descalificativos por credo, por raza y color. Es así, vive en mí desde los 16 años, y cada vez que la sociedad moderna me presiona, sale a dar un paseo, como Atila, sin dejar crecer el pasto por donde pisa.

Hoy no quiero viajar en bondi, que hago si me lo cruzo al pibe que se llevo las 150 fotos de mis hijos? Qué hago si veo o pienso que el próximo tipo de pelo corto y buzo azul de tres tiras es el que se llevó los 12000 e-mails que lleva mi aventura de agencia propia. No se, el facho que llevo dentro quiere encontrarse con él para partirle la cabeza contra el cordón, para agarrarle las manos contra las puertas oxidadas del bondi, pero no, prefiero reprimirlo y recorrer la mitad del parque para tomar el subte E y hacer la eterna combinación hasta Palermo.

Si fuera Manhatan, sería tan cool hacer “commuting”, tan cool ir con el café de paraguas de Starbucks -que tanto me gusta- sería tan cool ir con el Iphone leyendo las noticias, o tan cool ir leyendo el periódico gratis en un “subway” con climatización, no importa si es verano o es invierno, sería tan cool. Pero no, Buenos Aires, esta puta ciudad, que tanto amo, sigue siendo la más linda, las más intrépida, la más divertida, la más cruel, como la de Saverio, la más salvaje, como la de Walsh, la de Bustillo, la de Perón, la de Gardel, pero no es cool, es todo lo otro, pero no es cool. Pensar que caminé las calles de Bogotá, las perdidas calles de Santiago, las aromáticas calles de Lima, me perdí por Montevideo, hasta me di el lujo de caminar por La Perla en el Viejo San Juan o de increpar a un afroamericano –me estoy reprimiendo de nuevo- en la noche oscura de New York, y nunca, me robaron ni 2 pesos, hasta que ayer, mientras laburaba, como todas las noches de regreso a la casa que me toca ese mes, contestaba e-mails, mensajes perdidos de alguna almita en pena, me divertía leyendo los alter-ego de los twitteros, una mano más rápida que la luz me manoteó un manojo de sueños, sí, fotos, música, e-mails, mensajes de texto – de los malos, de los buenos, de los excitantes, de los dolorosos- pero me arrebató 6 meses de anhelos, de provocativos proyectos siderales, se los llevó corriendo, como la canción que cantaba Mavy Díaz –como me canchondaeban ese grupo de mujeres argentinas del rock ochentoso- de las Viudas e Hijas, subió al colectivo, me arrancó la voz y cantando se bajó…

Ahora, voy sentado en el subte de Buenos Aires, ese mismo que se climatiza por el mismo calor de la gente que lo viaja todos los días, esa misma gente que presa de su propia ciudad, no puede comprar autos blindados, ni tampoco puede llevar un café de paragauas en la mano, a gatas puede controlar que le choripateen la billetera, el celular o para las chicas que rajan la tierra que tienen que preocuparse que nadie les haga un hijo de parado. Así se viaja en Buenos Aires, para el orto, así llega la gente a los trabajos, motivador no?
Miro las caras de las personas que tengo enfrente, no parecen felices. El señor que lee el periódico gratuito que está plagado de noticias oficiales de un gobierno no oficial, tiene las mismas botas que usa el actor fetiche del director fetiche de la industria de la animación local, pero no las usa por fetichista, sino porque no tiene otro par de zapatos.
Sigo sin aprender y sigo usando el IPod para viajar, modelo 2005, no es el nuevo, pero acá los winpas te lo ven como si fuera un DVD portátil. Perón se habrá equivocado? Hay días que pienso que sí. Son pocos esos días. Sigo pensando en mi plan de alfabetización digital para los más necesitados, esa generación de pibes que nunca vió trabajar a sus padres, ni a sus abuelos. Sigo pensando que nuestro país necesita una generación –no dirigente ni iluminada- sino una generación de producción de ideas que no se radique solamente en tres facultadas privadas, el mundo digital, las productoras digitales necesitan mano de obra, bajemos educación a las esferas más necesitadas para formar esa clase productora que necesitamos. No necesitamos más dirigentes, necesitamos educación y trabajo.
Sé que soy un puto soñador, pero no soy el único. Pero todo se me cae a los pies, cuando llego a uno de mis objetivos del día. Una prestigiosa corporación, premiada con todos los premios de la industria, hasta el menos pensado. Pero sus empleados, comentan los programas más vernáculos de la tv, los más populares, esos que todos en reuniones sociales negamos hasta tres veces, como Pedro. Educación, trabajo, oportunidades, “Perdón vos sos Diego?” contesté no, “Ah que loco, esperaba a un Diego”. Yo no soy diego, Soy Martín. La muchacha escuálida, raída por la vida con bucles perfectamente desprolijos se perdía en un ascensor ploteado con ideas motivadoras “ENTRA A DIVERTIRTE!” Bienvenidos a la jungla, vos qué presa fácil vas a ser hoy?

Buenos Aires, alguna hora de la mañana en Palermo, no sé si es dead, proof, Queens o Ad.